Tengo por lo menos dos lenguas. La del habla y la del
cuerpo. Lo que digo hablando, a veces, nomás, lo entiendo, y muchas no, pero al
menos posee una condición gramatical que hace decible lo que digo, que lo torna
escuchable, contenedor de un sentido posible, desplegable, explicable,
justificable. Lo que dice mi cuerpo me puede dejar en la completa ignorancia.
Se me aparece como una lengua extranjera. Y si mi cuerpo va a un lugar, está
diciendo algo. Yo no puedo borrar con la palabra lo que escribo con el cuerpo.
domingo, 18 de junio de 2017
martes, 30 de mayo de 2017
MURAKAMI ESPIRITUAL
Murakami madruga y escribe cinco horas por día. Se echa una siesta y todas las tardes sale a correr. Lleva así más de treinta años. Siempre intuyó que ejercitarse estimula su creatividad. En "De qué hablo cuando hablo de escribir", pone: "cuando la fuerza disminuye, decae con ella la capacidad de pensar. Se pierde agilidad mental, flexibilidad espiritual. En una ocasión me entrevistó un joven escritor y le dije: <<Un escritor está acabado cuando engorda>>". Yo sé de un cantante evangélico, muy famoso (no supe si leyó a Murakami) que dice que para él correr es un modo de orar. Corre a diario y tiene algunas canciones hermosas.
sábado, 6 de mayo de 2017
ZITARROSA ENTRE LAS PLANTAS
En el vivero de Zitarrosa hay una planta que se llama candombe. Son varias especies. A la "candombe del olvido" le pide que le devuelva lo que perdió. Cantor vegetal, Alfredo, te guía por el vivero y dice: que se baila y no se canta/ el candombe es una planta/ que crece/ y hasta el cielo se estremece. Sigue sin abrir los ojos, y parece un guía que se guía a él mismo en vez de hablarnos a los turistas de la canción, sigue sin abrir los ojos, y con la boca cortita dice que ya que hay que hablar de botánica, el candombe vuelve a amar y no se cansa/ la vida no le alcanza/ la muerte es una ingenua/ adivinanza. Y como una respuesta sin pregunta, se enerva y mira una candombe y grita fuego verde/ llamarada/ de tus roncos tambores del sur/ techo de seda bordada. No sabemos si irnos, si la visita termina con el grito. Pero la planta, la candombe se pone a cantar y olvida que Zitarrosa es su jardinero, y que la ama.
domingo, 23 de abril de 2017
LOS SUEÑOS DE NEUMAN
¿Y si los sueños de las personas que se quieren estuvieran
unidos mientras duermen por unos hilos muy finos?
Hace poco una amiga dijo que viene soñando conmigo muy
seguido. Que todo es muy natural y solemos estar complotados. Le pregunté cómo
iba yo vestido en sus sueños, y si en el lugar aparecían flores, y qué flores.
No se fijó. Le dije que sea más atenta si va a volver a soñarme. Yo rara vez
recuerdo mis sueños. Puede pasar cuando duermo siesta. La que hizo esa pregunta
de si los sueños de quienes se quieren van unidos es Sophie, personaje de la
novela “El viajero del siglo” de Andrés Neuman. Ella hace sus mejores preguntas
y afirmaciones (y da sus mejores besos, su mejor pierna) cuando está con Hans,
su amante. Porque con Rudi, su prometido, o con sus amigas que tratan de
parecer ricas-se queja- hablan de muchachos guapos o de vestidos, o de
muchachos guapos. Pienso que sería más divertido que hablen de muchachos guapos
desvestidos. Pero es indecoroso en damas del siglo diecinueve. Conozco algunas
mujeres de hoy que también eluden palabras y pensamientos que vayan más allá
del supermercado o, sobre todo, que traspasen la puerta de una habitación con
cama. Mi tesis es que hubo un desfasaje espacio temporal, y que ellas
aparecieron de un momento a otro en el siglo veintiuno, pero nacieron y
aprendieron el lenguaje y el pensamiento en el diecinueve y, para no
sobrecargarse intelectualmente, hicieron como que no pasó nada y se quedaron
acá en nuestro siglo. La novela de Neuman que voy leyendo da lugar a los sueños
en varias escenas. Sophie hace la pregunta de más arriba, por ejemplo, en la
cueva del viejo organillero en un momento en que el viejo, como acostumbra,
pone a sus amigos (y a Sophie y su criada Elsa, en esta ocasión) en ronda para
que cuenten lo que soñaron la noche anterior. Como Hans y Sophie se juntan, a
ocultas, a traducir poemas y a morderse y penetrarse, cada tanto vemos que
Neuman cita poemas de grandes poetas y pone a sus personajes (que son alemanes)
a traducirlos. Otro personaje se llama Álvaro y es español. A la salida de una
juntada musical, literaria y de debate cultural en casa de Sophie, el español,
asomado a la calle, recita a Calderón de la Barca: ¡Todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende! ¿Qué es la vida? ¡Un frenesí! ¿Qué es la vida? ¡Una
ilusión! ¡Una sombra, una ficción!. Soñamos lo que somos, parece. Pero no
entendemos nuestros sueños. Yo ni siquiera los recuerdo. De todos modos,
mientras estoy despierto, me entrego al frenesí de una ficción, a un orden
narrativo con el que explico mi vida. Sobre todo a mí mismo. Le doy una forma.
Me cuento mi vida y le impongo una coherencia que es puramente gramatical pero
que algunos osan creerla moral o ética, o que carece de ambas virtudes. El
viejo organillero aquella vez en la cueva contó el primer sueño: Anoche, dijo,
soñé con unos tipos que tomaban sopa en una posada. La mesa estaba oscura y
sólo se veían tres o cuatro caras rojas. De pronto uno de los tipos lanza al
aire una cucharada de sopa, y la sopa vuela fuera del sueño y vuelve a caer
entera en la cuchara como si fuera un dado. Entonces el hombre se la toma, y
dice: Seis. Y así con cada cucharada. Eso, conjeturó Álvaro, es que usted
estaba pidiendo suerte. No digas tonterías, replicó Reichardt, ¡eso es que
tenía hambre!. Yo pienso que hay que ser muy habilidoso para tirar la sopa al
aire y que vuelva a caer en tu cuchara, y encima decir un número con la boca
tan llena.
sábado, 22 de abril de 2017
COSITAS
COSA UNO. Me habían invitado a leer o contar algo, esta
mañana, en conmemoración de la Tierra y de proteger el monte autóctono de mi
ciudad. Antes de salir, Facebook me recuerda una publicación de hace, exacto,
un año: un texto en el que cuento que iba cruzando la vereda y un niño de
guardapolvo, a la salida de la escuela, llegó corriendo a un árbol y, tocándolo,
y en escape de sus compañeros, decía “todos los árboles son casas”.
COSA DOS. Entre las cosas que hoy llevé para leer había
poemas de Gelman, Iris Rivera y Mariela Laudecina. Algo de Conti. Mío llevé uno
solo, y casi para no leerlo. De lo que leí, la gente se entusiasmó más con el
poema mío. Claro, es un poema con árboles. Uno que dice que, mientras haya
árboles, uno no puede olvidar ciertas mujeres. Extraño vínculo
árbol/memoria/gentequeunoamó.
COSA UNODÓS. Facebook es un nuevo modo de la memoria
(¿alguien llegará a tomar decisiones que no hubiera tomado de no haber visto
ese recuerdo de Facebook? De ser así ¿esta cosa virtual nos estaría proponiendo
nuevas líneas de sucesos a vivir?). Otros aplauden más mis palabras que yo
mismo ¿es una señal de qué: hablar más para otros, desoír los aplausos y hablar
sólo lo que a mí me gusta de mis palabras, esperar a que Facebook me recuerde
esto el año que viene y liberarme así de esforzarme en fabricar una memoria que
considere valiosa?
jueves, 13 de abril de 2017
CORREGIR A PROUST
Manuel Puig: “Yo no soy de los que empezaron desde siempre, no, no. Empecé a escribir novela a los 29 años. A partir de entonces, yo, y a fuerza de leer mis manuscritos y revisarlos, leo todo como si fuera un manuscrito mío: yo leo, leo Proust con un lápiz en la mano y lo corrijo, digo: esto está muy largo. Entonces yo no gozo más con la lectura de ficción. Perdí ese placer. Es el precio de haber querido escribir”.
Piglia dice otra cosa. Opina que cuando aparece un escritor nace un nuevo lector: uno que lee para aprender a escribir. Pero no hay en Piglia esta nostalgia, este malestar de Puig por ser un lector que, en el mismo acto de leer, ejerce también el aprendizaje de la escritura. Estoy del lado de Piglia. Creo que este nuevo lector, que lee para aprender a escribir, es más lo que gana que lo que pierde. Se vuelve un lector más complejo, más hondo, más lupa. Eso hace del esforzado placer de leer un placer aún más esforzado y hermoso. Como dice mi amiga x, salud, por el lenguaje.
sábado, 18 de marzo de 2017
APARICIÓN DE JESÚS EN LA COSTANERA
Dicen que Mago Maurus gustaba de narrar la aparición de Jesús en la Costanera de Villa María. Intenté imitarlo en el espectáculo que hicimos con Ro Heredia y Manuela Rodriguez, y este es un fragmento captado por Bru Nella.
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